domingo, 13 de abril de 2014

"Callejeros Viajeros": México 1800

Plaza de México, hacia 1800
Fue llamada “la ciudad más grande, más hermosa y de más suntuosos edificios de la monarquía española”; y es que la ciudad de México estaba formada por una amplia extensión de terreno en el que se situaban casas, iglesias, conventos y edificios públicos como el suntuoso palacio del virrey, una fábrica de cigarros, la aduana, el hospicio, la sede de la Inquisición, un coliseo para las obras de teatro y una espléndida catedral que daban ejemplo de su bella arquitectura.

El interior de la ciudad estaba organizado de acuerdo a calles anchas y empedradas y tan rectas que “en tiempo de aguas es preciso pasar a hombros de indios de una acera a otra” y en sus plazas era continuo el tráfico de comercio y abasto para el numeroso público que habitaba la capital.

Los mexicanos eran conocidos por su amplio consumo de chocolate a lo largo de todo el día y por el uso del chile picante para las comidas; pero una práctica muy común de la época y que sorprendía a algunos visitantes era su afición por el tabaco, y es que sus mujeres fumaban “en exceso” llegando a llevar colgada habitualmente con una cadena o cordón una cigarrera.

Los mercados estaban muy concurridos por su variedad de alimentos: patatas, tomates, maíz, chocolate, piñas (considerada la reina de las frutas), chirimoyas. Pero también se ofrecían en las calles multitud de patos que eran cazados en la laguna y vendidos al anochecer por los indios en “puestos” por la ciudad a la voz de “¡patito entero!, ¡pato caliente!”.

El maguey (agave) era una planta que abundaba en el territorio, y con ella los indios mexicanos producían una bebida habitualmente consumida y muy demandada en todo el territorio (el pulque). Pero esta planta tenía más utilidades: con su jugo elaboraban medicinas para varias dolencias, se alimentan con el quiote (tallo), con las pencas duras y los mismos quiotes fabricaban sus casas, los trozos y las astillas servían para el fuego, de sus púas hacían agujas y alfileres, y de sus membranas conseguían una especie de fino papel, además de servir a veces como vestido.

Otro de los recursos de la naturaleza de gran utilidad para los indios era el árbol del mezquite, con el que elaboraban una especie de vino utilizado en las “debilidades del estómago” o también un preciado colirio.

Las pulquerías dispersas por toda la ciudad consistían en unos lugares constituidos sobre postes de madera y donde se vendía el famoso pulque, mientras que otros comercios muy comunes fueron las pulperías donde se vendían “ropas y comestibles mestizas” y los llamados cajones, con ropas de Europa y Asia.

La ciudad de México, era el lugar de residencia del virrey (representante y responsable de la corona española en el territorio) de Nueva España que abarcaba amplios territorios en Norteamérica y Centroamérica, el archipiélago de las islas Filipinas y algunas islas de Oceanía.

Los muchos y grandes caudales que existían en la ciudad producto del comercio y la minería, quedaba de manifiesto en el empedrado de las calles, el enlosado de las aceras, la limpieza de la ciudad con carros, los serenos y el alumbrado o los elegantes coches ingleses con cocheros mulatos.

Vestían de manera similar a los españoles de la península Ibérica, aunque los indios se distinguían en sus ropas peculiares con muchos adornos; mientras muchos hombres “de clase ínfima” iban envueltos en una manta “sin más ropa que unos calzoncillos y un sombrero”.

Eran apasionados en el juego y la danza, y aunque las fiestas de toros se celebraban con motivo de algunas celebraciones, eran las luchas de gallos las que conseguían atraer a un mayor público en los anfiteatros donde se apostaba al ganador, como entonces sucedía en Inglaterra.

Ha quedado de manifiesto en algunos escritos la dificultad que existía hacia el año 1800 en poder realizar un empadronamiento exacto de la población de México (principalmente entre los indios) y de todo el virreinato; pese a que algunos estudios contabilizan en esos años una población de más de 150.000 personas en la capital y más de cinco millones de habitantes en el territorio.

domingo, 6 de abril de 2014

"Se ha perdido"

Mujeres conversando, Goya
Es interesante conocer lo que se publicaba en el año 1800 dentro de las  “Noticias particulares de Madrid”, en un espacio dedicado a “pérdidas”, y que nos indica los curiosos objetos que desaparecían o eran sustraídos en las calles de la capital del reino.

Quien hubiese hallado una contrata de carbón, que se perdió en la calle de Preciados el día 23 de noviembre, se servirá entregarla en la administración de este ramo o en cualquiera almacén de carbón, que se dará el hallazgo.”

Quien hubiere encontrado una borrica de cría, parda, con aparejo, que se perdió el día 2 del corriente, la entregará al portero del Excmo. Sr. Duque de Hijar, quien dará razón.”

Pero también se perdían otros animales como marranos, pavos, corderos, loros, etc.

Quien haya hallado un zapato, con su hebilla de plata, que se perdió el domingo 19 pasado, después de anochecer, desde la puerta de San Vicente, hasta el medio del puente de Segovia, le entregará en la calle del Mediodía grande, casa del Sol, quarto tercero, preguntando por la Señora Gabriela, quien dará el hallazgo.”

Y entre los objetos no era raro encontrar que lo que se echaba en falta eran paraguas, camisas, vestidos, mantillas,  pañuelos, capotes, calzones o abanicos.

El día 30 del pasado entregó Josefa de Orobio a un carretero en el puente de Barcas una escusabaraja, y otros atados de ropa, y la dicha Josefa ignora donde fue a parar el carro, por haberse apeado pasado el puente largo a buscar una mantilla que se la había olvidado en el mismo puente, y a su vuelta a Valdemoro ya había salido, por lo que no fue posible alcanzarle. Se suplica a quien lo haya recogido lo entregue en la calle de la Puebla, frente a la casa de la Sra. Marquesa de la Regalta, donde hay un cerrajero en el portal, quarto segundo, que se darán más señas y el hallazgo.”

Como se ve la ropa a veces se perdía en una escusabaraja (canasto con tapa), pero otras veces las prendas iban en mantas o pañuelos que se ataban por las esquinas. 

Sobretodo se publicaban las pérdidas de hebillas y relojes, cajas de oro y plata para tabaco, llaves, bolsos y carteras con monedas, billetes del Banco Nacional, anillos y pendientes, botones de oro, documentos importantes (como títulos, pasaportes, libramientos o cédulas), pero también se reclamaban otros objetos como un banquillo de un coche, un peine con adornos en oro, un título de maestro de esgrima o un almohadón de sofá.

La gratificación en “se dará el hallazgo”, algunas veces consistía en veinte reales al que entregara la pérdida a su dueño.

domingo, 30 de marzo de 2014

Los víveres en un barco de 1800

Ilustración de las "Ordenanzas navales"1793
En los años de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, la navegación llevaba consigo que un gran número de personas compartieran durante meses unos espacios reducidos en unas condiciones duras e insalubres, y donde la precaria y escasa alimentación era otro de los condicionantes para que la profesión de navegante fuera considerada como una de las más duras de aquellos tiempos.

Un tiempo antes de la salida de puerto, en el barco grandes cantidades de carne salada de buey y cerdo o secas al humo (método de conservación más usual y preserva de la humedad) tocino, bacalao salado, queso, pan y frutas secas, vinagre eran almacenados en pipas(toneles), barricas o barriles, donde una vez marcados eran amontonados en pilas.

Entre los alimentos más comunes de estos tiempos estaba el pan o bizcocho de mar que era una especie de galleta de trigo que se elaboraba básicamente con harina y que en el que se conseguía eliminar toda la humedad, por lo que se conservaban con facilidad varios meses, seca y dura para poder consumirla. En 1800 se intentaron hacer bizcochos de mar con patatas para reducir la cantidad de trigo en su elaboración y de esa manera hacerlo más asequible.

Hemos de decir que las comidas calientes que se suministraban a tropa y marinería de los grandes navíos no era tarea fácil pues se consumían considerables cantidades de leña que tenía que ser transportada y almacenada en importantes reservas, conservarla seca y reducida en pequeños tamaños para el uso en el fogón. Hay que destacar el riesgo de mantener encendido un fuego durante largo tiempo, pues constituía un  peligro de incendio. Es por ello que cuando las condiciones del mar eran muy duras o había temporal no había comida caliente para la tripulación.

Las frutas y verduras solían ser escasas y al agotarse rápidamente, en las escalas de los puertos se buscaba comprar (teniendo cuidado con que la cantidad y calidad pagada eran las que les suministraban) o cambiar algunos productos por víveres frescos (para evitar la avitaminosis y escorbuto), así como pescados en buen estado.

Se embarcaban animales vivos como carneros aunque sobretodo aves. Esta práctica que podía parecer poco higiénica, ayudaban a conseguir carnes frescas durante la navegación y mayor variedad en la dieta de los oficiales y altos cargos, así como de enfermos o heridos. Estos animales vivos se cambiaban de lugar a lo largo del día para baldearlo y limpiarlo del estiércol.

Uno de los víveres más preciados en alta mar fue el vino (entre los ingleses la cerveza). La ración de un cuartillo de vino (medio litro) al día entre los navegantes españoles era un importante componente nutritivo en las escasas y poco variadas provisiones de estas gentes del mar. 

Se llegó a constituir en muchos momentos el vino en uno de los correctivos o premios más comunes de los oficiales a los subordinados. De esta manera se encontraban los castigos de “pérdida de quince días de su ración de vino” como una práctica usual en la disciplina de la navegación de aquellos años.

Sucedía con frecuencia que la embriaguez de algunos de los hombres, podía conformar un inconveniente para el buen ambiente de la tripulación, por lo que se llegaba a grescas, insultos o incluso sublevación y de esta manera se les llevaba al "castigo de cepo" (inmovilizar entre dos maderos juntos), días de"ración a pan y agua" o incluso las "zambullidas en el agua".

Para la tripulación de alta mar del siglo XVIII, la necesidad de consumir agua dulce y en las mejores condiciones se presentaba de extrema prioridad. Pasados unos días después de embarcar el agua en los barriles de la bodega y almacenes comenzaba a estancarse y su color y olor dejaban de ser apetecible y saludable.

El consumo de agua estaba regulado en tres cuartillos por hombre al día que se distribuía desde barriles y tinajas de agua preparados y en determinadas horas señaladas para beber (después de las comidas). Además se reservaba otro cuartillo de agua por persona para el caldero y así elaborar la comida.

Un sistema de purificación del agua dulce que llegaba a estar estancada era la destilación usando una especie de alambique, pero este método traía el gran inconveniente de que se requería un mayor gasto de leña, unido al que ya había para el fogón de las comidas y enfermería.

Se utilizaba entonces un método (de gran utilidad en los viajes largos) para purificar el agua corrompida y hacerla potable, que consistía en  reducir a polvo algunos carbones recién apagados y echar una cucharada de ellos en cada tres azumbres (un azumbre eran aproximadamente unos dos litros) de agua, agitada y puesta en reposo un instantes y  se filtraba por un papel de estraza. Consiguiendo de esta manera que perdiera el agua su mal sabor, olor y color y quedando en condiciones aceptables para su consumo.

Debieron pasar aún bastantes años para que los avances y las mejoras técnicas en la conservación y el almacenamiento de víveres, se hiciesen palpables en los largos trayectos de las gentes de mar.






domingo, 23 de marzo de 2014

Reales y maravedís


El doblón de a 8 escudos de oro, vale 321 reales y 6 mrs.
 "El maravedí es la menor moneda de España.


Un real de a 8, 1800
De esta manera aparecía escrito en un “Tratado general de monedas” de finales del siglo XVII, en el que se detallaba el valor de las monedas de la época, y de las antiguas que seguían vigentes.
Un maravedí, 1799

Hasta bien entrado el siglo XIX, en el que se unificó el sistema monetario en nuestro país, los diferentes reinos de la Corona española tenían su propio método monetario (como son las jaquesas en Aragón), de forma que circulaban monedas desconocidas en algunos territorios y otras que variaban de valor de unos lugares a otros.

Para el año de 1800, en España el valor de las monedas se regía por una  “pragmática” de 1779 que relacionaban las monedas existentes de oro, plata y vellón (de menor valor y que era una aleación de plata y cobre).

El famoso real de plata era una moneda que circulaba en nuestro país desde hacía varios siglos y que en 1800, tenía un valor de 34 maravedís, siendo la base del sistema monetario español de la época.

Se acuñaron y utilizaron monedas de a 2 reales, de a 4 y de a 8. Sin duda la moneda más popular y estimada era el llamado real de a 8 que contenía algo más de 25 gramos de plata y que tuvo diversos nombres: pieza de a 8, real español, moneda de 8, spanish dollar.

Hubo momentos que el real español de a 8 de plata, era una pieza tan conocida y utilizada que circulaba en territorios fuera del imperio español. En Europa, América e incluso Asia (principalmente China) se utilizó como moneda de cambio llegando en algunos países a utilizar el resello (marca adicional en la moneda) que autentificaba la pieza en ese otro país.

Por otro lado, el maravedí, había sido desde siglos anteriores una moneda común en nuestro país. Su nombre viene de una palabra de origen árabe: morabithis (devotos a Dios, calificación que se dio a los almorávides).

Ejemplos de precios para  productos de la época en arrobas son: aceite 51 maravedís, arroz 31 mrs., azúcar 125 mrs., habichuelas 28 mrs., lentejas 80 mrs.

Las monedas españolas de la época se fabricaron en las distintas “cecas" (lugar donde se fabrica o emite moneda) peninsulares y en las de las colonias americanas como México, Potosí, Guatemala o Bogotá donde había importantes minas de plata.

El real y el maravedí fueron las dos monedas más utilizadas en el año 1800, que además se mantuvieron durante tiempo como las herramientas más comunes y empleadas en el comercio español.

domingo, 16 de marzo de 2014

Guía de litigantes y pretendientes

Portada Guía de litigantes y pretendientes, 1800
Guía de litigantes y pretendientes para el año de 1800. véndese en la librería del Campo, calle de Alcalá.”

Con el nombre de "Guía de litigantes y pretendientes", aparecía publicado en 1800, un documento interesante a la vez que instructivo de la época: un manual sobre responsables judiciales y altos cargos administrativos en el  Estado español para ese año.

De esta manera se mostraba en un detallado listado los procuradores, agentes de negocios, responsables de secretarías, pero también médicos y cirujanos en la capital, tesorerías y tesoreros, además de los distintos tribunales eclesiásticos.

La "guía de litigantes y pretendientes" comenzó a finales del siglo XVIII y tuvo una periodicidad anual, estando editada con privilegio real, lo que significaba la autorización y honor de la corona española.

En estos papeles se mostraban las diversas instituciones y organismos de la monarquía española, así como las personas que ostentaban esos diversos puestos de responsabilidad y, que les proporcionaba grandes beneficios económicos y autoridad política, además de prestigio social.

Este compendio ofrecía además al lector la posibilidad de conocer quienes exhibían un determinado título nobiliario y su residencia en Madrid: “noticia de las casas de los excelentísimos señores grandes de España, duques, condes y marqueses que residen en esta Corte”.

Dejaron de imprimirse hacia 1842 y es indudable que estos documentos son considerados, hoy en día, papeles esenciales para comprender la configuración jurídica y administrativa de nuestro país en los años de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. 

domingo, 9 de marzo de 2014

La Primera Sinfonía de Beethoven : preámbulo del maestro

Beethoven, 1801
En 1800 el destacado compositor Ludwig van Beethoven, el pianista de treinta años y nacido en Bonn, presenta  en Viena su primera gran obra orquestal, denominada Sinfonía nº 1 en do mayor op. 21, a la que le siguieron una sucesión de sinfonías (“de emociones desbordantes”) por las que ha sido y es celebrado después de los más de doscientos años siguientes. 

Compuesta esta sinfonía (obra musical para orquesta dividida en cuatro movimientos) entre los años 1799 y 1800, fue dedicada al barón Van Swieten, un gran melómano y amigo del autor, y escrita para una orquesta formada por timbales, trompetas, trompas, flautas, oboes, clarinetes, fagotes, violines, violas, violonchelos y contrabajos.

Caracterizada por algunos movimientos novedosos que aparecen por primera vez, y por el empleo de instrumentos de viento, de timbales o incluso cuerdas y percusión, es de destacar ya en la apertura un acorde distinto al esperado (disonante) y que podía parecer que finalizaba la obra cuando estaba empezando. 

Es a partir de este año que la ocupación musical de Beethoven se va intensificando a la vez que va teniendo un mayor reconocimiento entre el público ante sus nuevas y originales creaciones. 

Portada partitura "Primera Sinfonía"
Un año más tarde, Beethoven confiesa a su amigo Wegeler, su preocupación por la progresiva sordera que había empezado a sufrir desde hacía varios años y que se fue acrecentando en el transcurso del tiempo para desesperación del músico hasta llegar a la sordera total en 1818. 

Un dato curioso, más común de lo que nos puede parecer, era la celebración en aquella época de duelos musicales ante un auditorio, y uno de los más famosos duelos musicales de todos los tiempos fue el que se dio en el año 1800 en el palacio Lobkowitz, donde Beethoven fue retado por Daniel Steibelt, un reconocido pianista y compositor berlinés. Beethoven interpretó partituras de su oponente y demostró su habilidad y frescura musical. Al finalizar Steibelt reconoció su derrota y decidió exiliarse de Viena y alejarse definitivamente de su rival. 

Considerado como irascible e impulsivo, Ludwig van Beethoven fue un revolucionario en la música, dejando en su trayectoria musical una extensa diversidad de géneros para la posteridad: nueve sinfonías (algunas de ellas popularmente muy conocidas), una ópera, misas, cantatas, sonatas, conciertos, cuartetos, oberturas, obras de cámara, además de arreglos y variaciones.


Hay quienes valoran que las sinfonías alcanzaron la "madurez" con las obras de Beethoven. Reconocida como novedosa, esta primera sinfonía fue el preámbulo de las más célebres obras de este grandioso autor, identificado como uno de los "maestros de la música clásica" y uno de los más influyentes compositores para la música posterior.

domingo, 2 de marzo de 2014

Bando de Carnaval


Escena de Carnaval, Goya
Manda el Rey nuestro Señor, y en su Real nombre la Sala de Alcaldes de su Casa y Corte: que desde hoy y siguientes días de Carnaval, ninguna persona sea osada a tirar en las calles, sitios públicos de plazas y paseos de ella, huevos con agua, harina, lodo ni otras cosas con que se pueda incomodar a las gentes y manchar los vestidos y otras ropas, y echar agua clara, ni sucia de los balcones y ventanas, con jarros, xeringas, ni otro instrumento, ni se de con pellejos, vexigas no otras cosas. Que no se echen mazas a persona alguna, a los perros, ni otros animales; pena a qualqiera que contraviniese a lo referido en todo o en parte de ello de 20 ducados, y 15 días de prisión en la Cárcel Real de esta Corte; y a los contraventores que fuesen criados o criadas de servicio, la pena impuesta se entenderá con sus amos; y las multas desde luego se aplican, la mitad a los pobres presos de la Cárcel Real de esta Corte, y la otra mitad a los Ministros Oficiales de la Sala, que se hallasen de Repeso, y a todos los demás, aunque no lo estén, quienes de lo que resultase darán inmediatamente cuenta al Señor Gobernador de la Sala, o a cualquiera de los Alcaldes. Y para que en caso de contravención no se pueda alegar ignorancia, se manda que por voz de Pregonero, y en la forma ordinaria se publique este Bando en los parages acostumbrados de esta Corte; y que de el se fixen copias autorizadas de Don Ignacio Antonio Martínez, Escribano de Cámara más antiguo y de Gobierno de la Sala. Y lo señalaron en Madrid a 22 de Febrero de 1800.”




En los años finales del siglo XVIII la fiesta de carnaval era una celebración pública y muy popular en algunos países con tradición ortodoxa o católica como Rusia o Italia. Este festejo, que se realiza antes de la Cuaresma cristina tenía, en 1800en nuestro país, un gran arraigo entre sus gentes.